GraVaStar, una idea coherente pero poco “peiperista”.

En astrofísica, la teoría de los Gravastar es una propuesta de Pawel Mazur y Emil Mottola para reemplazar a la de los agujeros negros. En vez de una estrella colapsándose en un punto del espacio con una gravedad virtualmente infinita, la teoría de los gravastar propone que, cuando un objeto colapsa gravitacionalmente, el propio espacio llega a una transición de fase que evita más colapsamiento. La teoría ha generado poco interés entre los astrofísicos. Fue el título de una conferencia, pero no de un artículo científico. La falta de interés viene del hecho de que el concepto requiere que uno acepte una teoría muy especulativa acerca de la cuantización de la gravedad. El origen del nombre gravastar son las palabras inglesas GRAvitational VAcuum STAR (estrella gravitacional de vacío).
Mazur y Mottola han sugerido que los gravastares podrían ser la solución a la paradoja de la información en los agujeros negros y que el gravastar podría ser una fuente de estallidos gamma (BRG), añadiendo una más a las docenas, si no cientos de ideas que han sido propuesta como causa de los BRG.
Externamente, un gravastar parece similar a un agujero negro: es visible sólo por las emisiones de alta energía que crea al consumir materia. Los astrónomos observan el cielo buscando rayos X emitidos por la materia que absorben para detectar los agujeros negros, y un gravastar produciría una señal idéntica. Dentro de un gravastar, el espacio-tiempo estaría totalmente detenido por las condiciones extremas existentes allí, produciendo una fuerza hacia el exterior. Alrededor de este vacío habría una “burbuja” en la cual el espacio en sí se comportaría como un bloque de materia. La idea de un comportamiento tal del espacio puede compararse con una forma extrema del condensado de Bose-Einstein de gravitones, en el cual toda la materia (protones, neutrones, electrones, etc.) se convierte en lo que se llama un estado cuántico creando un “súper-átomo”.

Estallidos Gamma.

Los estallidos de rayos gamma son breves pero brillantes llamaradas de rayos X y gamma que parecen surgir al azar en el cielo alrededor de una vez al día, eclipsando brevemente al Sol con energías del orden de un millón de billones de veces superiores. No fue hasta 1997 que se estableció que se originan fuera de nuestra galaxia, la Vía Láctea, y sólo en estos pocos años han obtenido los astrónomos indicaciones inquietantes de que estos estallidos se asocian con las supernovas. Debido a que son tan luminosos, los estallidos de rayos gamma tienen que ser haces colimados, similares pero más estrechos que el cono de luz emitido por un faro. De otra forma, la energía de la explosión sería equivalente a convertir instantáneamente la masa de varios soles en una bola de fuego de alta energía. El escenario más popular es que una estrella que colapsa genera dos haces o chorros muy colimados de partículas y energía que brotan al exterior por los polos. Las partículas y la energía generan una onda de choque cuando colisionan contra el gas y el polvo que rodea a la estrella, que a su vez acelera las partículas a niveles energéticos en los cuales emiten luz de alta energía: rayos X y gamma. El estallido inicial se desvanece en unos pocos segundos, pero las ondas de choque resultantes causan una emisión de luz remanente que puede ser visible para los telescopios ópticos, de radio y de rayos X, días después de la explosión. Los estallidos de rayos gamma son las explosiones más poderosas que se conocen. La mayoría se origina en galaxias distantes, y es muy probable que un gran porcentaje surja de las explosiones de estrellas que son al menos 15 veces más masivas que el Sol. Un estallido de este tipo genera dos haces opuestos de rayos gamma que se lanzan hacia el espacio.
Los investigadores calcularon que la radiación de rayos gamma proveniente de una explosión estelar relativamente cercana, que golpeara a la Tierra durante apenas diez segundos, eliminaría casi hasta la mitad de la capa protectora de ozono de la atmósfera. Su recuperación tardaría al menos cinco años. Con la capa de ozono dañada, la radiación ultravioleta del Sol podría destruir a buena parte de la vida sobre tierra firme y cercana a la superficie de los océanos y lagos, y distorsionaría la cadena alimenticia. “Un estallido de rayos gamma que se originara dentro de un radio de 6 000 años luz de la Tierra, tendría un efecto devastador sobre la vida”, dijo el Dr. Adrian Melott del Departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Kansas. “No sabemos exactamente cuándo hubo uno, pero estamos bastante seguros de que sucedió… y de que dejó su marca. Lo que es más sorprendente es que un estallido de apenas 10 segundos causaría años de daño devastador al ozono”.